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Sacha Sinkovich | ESPACIOS 152
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ESPACIOS 152

EN LA PLATA
REMEMBRANZAS
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Texto: Sacha Sinkovich
Fotografía: Gustavo Sosa Pinilla
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En las afueras de la Ciudad de La Plata, dentro de un condominio, y libre de cierros, se ubica una vivienda que acoge la vida de una familia joven con sus dos hijos. Es una casa que se apropia del lugar, con una fuerte presencia de arboledas en su entorno y a la que se accede gradualmente nutriéndose de la amplitud que la rodea y con señales sutiles de seducción, es decir, dejando entrever lo que ocurre, mientras que lo más íntimo se maneja por la distancia al acceso principal.
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Existe esta dualidad de la casa tradicional cargada hacia el costado sur (el conjunto de volúmenes blancos), mientras que hacia el costado norte se expande la experiencia del esparcimiento (los volúmenes coloridos). Para unir estas dos realidades, un esquema de estructuras de madera por lo alto, y un suelo pedregoso por lo bajo, logra el balance entre el interior y el exterior, generándose múltiples aireaciones que desapegan el techo y dejan un suelo continuo y en evidencia. Lo anterior queda acompañado de la sensación de que esta casa fue hecha por varios arquitectos, y sin embargo existe una unificación y un equilibrio bajo un mismo solar.
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El orden de la casa, considera al amanecer la instancia hacia donde se proyectan los dormitorios, mientras que la luz que transcurre durante el día, se abraza por el lado norte, quedando la experiencia contenida en un semi-patio. La despedida del sol, se hace hacia la calle.
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Respecto de las habitaciones, los dormitorios son espacios exclusivos para dormir, y con ello hay una suerte de aislación, sólo interrumpido por vistas medidas del entorno; mientras que los otros recintos sucumben a la realidad de compartir y estar en un ritmo de vivacidad no contenida, pero dirigida por galerías abiertas. La cocina, está en esa situación intermedia entre la contención, y la posibilidad de escaparse a la zona más “libre”, debido a que ahí se sigue un procedimiento reglado al cocinar, pero al mismo tiempo es un lugar para compartir, y en esa dicotomía surge un habitar distinto.
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Con esto queda claro que hay un entendimiento y una delicadeza al diseñar los espacios donde todo recinto tiene una calidad distinta de permanecer. Es decir, en todos “estamos”, pero en unos se distiende más que en otros.
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Para llegar a este resultado, la propuesta de los arquitectos fue traer a la actualidad las reminiscencias de las vivencias de las casas pasadas a este presente más anclado, parcialidades que son las realidades de cada recinto. No significa que haya que recrear el pasado, sino que generar las estructuras, los trazos, los vértices imaginarios, para que el habitante complete y la cubra con sus recuerdos. Pero ojo, no se trata de que llenemos esta casa de fotos del pasado, sino que todo lo contrario: es el espíritu, lo inmaterial del recuerdo que una vez que enfrentamos un lugar lo completamos.
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Creo que a todos nos debe haber pasado alguna vez que olemos algún aroma en particular, y nos sentimos transportados a ese momento delicioso del pasado, generalmente de la dulce infancia, y sin embargo no es que estemos en dicho lugar, sino que algo gatilla en nosotros esa experiencia. Pues acá sucede lo mismo, hay tamaños espaciales, soportados por la casa, que llevan a sus dueños a vivir esta re-experiencia.
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De momentos vivimos, y si reunimos en una sólo lugar lo mejor de lo nuestro, estaremos amplificando nuestro vivir positivo, con recuerdos abiertos. Entender la vida como un viaje, nos permite siempre volver a casa, y si queremos, también a partir nuevamente; es cuando el origen (o puerto) está claro.
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Nota final: Esta casa no se puede entender sin haber visto la casa expuesta el mes pasado en esta columna y de los mismos autores (“Casa Bunker”), ya que son una suerte de antípodas, que nos permite comprender que toda casa es por extensión una muestra de la vida de quien la habita, lo que no se refiere a la disposición del mobiliario o los gustos sobre ellos, sino a cómo se conjugan los espacios y cómo nos relacionamos con ellos. Si en la casa anterior vimos una vida llena de sorpresas detrás de la protección de unos muros, en ésta existen las remembranzas de una familia.

FICHA TÉCNICA: Arquitectos: Sofía Botteri Cappa, Patricio Gabriel Connell (https://www.facebook.com/EstudioBotteriConnellArquitectos) / (estudio.bottericonnell@gmail.com) / Colaboradores: José Mesía, José Chavez, Rosalía Vicente / Cálculo estructural: Juan Turdo, Rosana del Pano / Constructor: Ing. Pedro Grosi / Año de proyecto-ejecución: 2012 / Superficie: 320 m2 / Superficie terreno: 1000 m2 / Ubicación: Club de Campo Grand Bell, La Plata, Buenos Aires, Argentina / Materialidad principal: Madera y ladrillo portante / Programa de recintos: Vivienda unifamiliar en 2 niveles  y subterráneo. Nivel de calle: Quincho, sala de juegos, cocina, comedor, estar, habitaciones de niños / Segundo nivel: Habitación principal / Nivel subterráneo: Cava, servicios (incluye patio).  Fotografía: Gustavo Sosa Pinilla (Gentileza Estudio Botterri-Connell).

Fecha

10 febrero, 2015

Categoría

Argentina, Artículos