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Sacha Sinkovich | ESPACIOS 139
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ESPACIOS 139

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EN BUENOS AIRES
PROA

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Texto y fotografía: Sacha Sinkovich

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En la zona más visitada del barrio de La Boca, en la esquina de Caminito, y contrastando con lo multi-colorido, se ubica un centro cultural que “interviene” desde dentro. El conjunto corresponde a una fusión de tres edificaciones con el propósito de ampliar el espacio expositivo, y una mejora de la atención al público, con las tecnologías vigentes. Con esta aventura se propone un nuevo criterio expositivo.

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Referido a la Fundación Proa que lo sustenta, coincidentemente su nombre queda enlazado con la arquitectura. La condición de proa, de vanguardia, también está dada en la sensación interior, de una figura trapezoidal, con una quilla o triángulo, donde cada quiebre y recinto nos trae a esa postura especial. Es el resultado de la irregularidad de los predios, acomodados a la sinuosidad del borde y sus calles.

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Esta situación, nos desafía a capturar visiones, una detrás de otra, donde cada cruce es una novedad y detención obligatoria. Es una complejidad de miradas, ordenadas e hilvanadas por la circulación, con una constante sensación de lo irregular, porque esa es la condición de la construcción precedente, y se quiere evidenciar. Los muros están ahí no para confinar, sino que para ordenar los quiebres del recorrido continuo. Así, la proa es la condición espacial que nos permite siempre mirar en todas direcciones, con la posibilidad de dimensionar el total de largo, ancho y altura del espacio interior. Luego, en este léxico, descubrimos que la estrechez es el resultado del encuentro de dos proas visuales.

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Los centros de arte (y museos), son antes que todo, lugares para la mirada, y en la posibilidad de diversificarla y ampliarla, está la calidad de dicho recinto. Complementan lo anterior una condición acústica particular, pero no es necesariamente su especificidad. En este centro, de una dimensión moderada, se ha privilegiado la exposición por sobre la colección, y es por lo mismo que debe convertirse en un soporte neutro y flexible, donde la lógica de la proa visual aporta en el aprovechamiento del espacio.

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En paralelo existe el frontis que segrega lo nuevo de lo viejo (donde lo antiguo corresponde al edificio originario de la fundación), mientras que los extremos confinan con lo moderno y transparencia que funcionan a la vez como vitrina (y no la exposición entre paredes). Es también la dualidad del análisis (contemporáneo), en contraste con la condición histórica del lugar y su efecto sobre la comunidad presente. Pero lo construido no termina en su fachada, sino que además aprovecha una franja mayor de vereda para ampliar la exposición y derivarla al exterior.

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Sorprende el silencio y la quietud que existe al interior del volumen, a pesar de la mezcla de los aires verticales de la librería con el que conduce el golpeteo de los cubiertos de la zona de comida, todo sin barreras aparentes. En esto se aprecia un cuidado de generar aislación por distancia (vertical o el alambicado recorrido) y un reconocimiento de la escasa superficie de terreno que obligan a generar rincones, estrechados en sus accesos o habitaciones abiertas interconectadas en giro, pero privadas.

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Tema aparte resulta la condición de cubierta y mirador para admirar el paisaje de La Boca, cual proa de barco enfrentando el mar. Es precisamente este nivel, el que saca lo mejor de la arquitectura naviera, con la ligereza de la construcción superior, y permitiendo que el paisaje inunde desde el frente.

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Reconozcamos, en primer lugar, que la experimentación de este centro cultural, queda traspasado al edificio en sí, siendo otra manera de circular y mirar, y es por ello que merece una visita, (fuera del habitual tránsito de la postal turística). Y en segundo lugar, hay una declaración y testamento de dónde está el patrimonio de una ciudad, que no es necesariamente lo añejo, sino que también el tamaño urbano rescatado y puesto nuevamente en evidencia, en oposición a las construcciones contemporáneas, permitiéndonos sacudirnos el polvo (también de los ojos).

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FICHA TÉCNICA: Arquitectos: ESTUDIO CARUSO-TORRICELLA, Giuseppe Caruso y Agata Torricella (www.caruso-torricella-architetti.com) / Mandante: Fundación PROA (www.proa.org) / Año de Inauguración: 2008 (remodelación y ampliación), 1996 (Reciclaje, origen de la Fundación), Siglo XVIII (fachada origen, Casa Dall Orso) / Superficie: 2270 m2 / Ubicación: Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca, Caminito, Buenos Aires, Argentina / Materialidad principal: pisos de entablado de roble americano áspero y estriado, acero oxidado y hormigón visto / Programa arquitectónico: 4 salas de exposiciones (niveles 1 y 2), librería (nivel 2), café-restaurant con terraza-mirador (nivel 3), auditorio (100 personas), servicios.

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Fecha

5 enero, 2014

Categoría

Argentina, Artículos